Crítica

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¿Qué relatos, qué historias reales o imaginadas están congeladas, latentes en la imagen de una fotografía? Fotos de Infancias parte de un soporte material específico: una pequeña colección de fotos aportadas por las actrices y los actores, que imaginaron respuestas a las preguntas anteriores a partir de las cuales el dramaturgo y los directores compusieron breves historias “de vida”.¿Qué les pasó antes, después, durante la sesión de fotografía a los niños retratados? Respetando el principio empírico de que una misma historia difiere según quien la relate, los actores-personajes procuran reflejar los pensamientos que habitan el mundo infantil. Los parlamentos y las actuaciones tienen el sabor simpático y nostálgico de ese cosmos ingenuo y asustadizo de la niñez, salpicado de clichés y prejuicios que los adultos imponen a los chicos en el duro proceso de la “socialización primaria”, es decir, la primer educación que recibimos todos en el seno de nuestra familia, y que funda parte importante de la personalidad al tiempo que nos inculca las primeras reglas básicas para la convivencia.El “procedimiento” según el cual se organiza la dramaturgia es simple: cada cuadro se inicia o termina en una configuración estática, en la que los actores, adultos, reproducen las fotos imitando poses y gestos de los personajes (niñas y niños); también el vestuario-vestimenta y la iluminación escénica contribuyen a este objetivo. Pero esto no es todo. El trabajo más significativo desde el punto de vista de la poética teatral gira en torno a la contextualización de esas imágenes fijas, construyendo ficcionalmente las situaciones anteriores y posteriores al momento en que se tomó la fotografía y la cuota de solemnidad que a veces acentúa los rasgos personales en el instante de ser retratados. La imagen resulta de este modo recuperada, vuelta a la vida, y hasta pletórica de significados que jamás se ofrecerían a una mirada estática.Lejos de narrar un fragmento de la biografía de las personas retratadas, estas reconstrucciones son imaginarias, pueden prescindir del anclaje histórico. En cambio, ponen énfasis en las situaciones de desamparo real o ficticio de sus protagonistas, en el temor exagerado a la soledad y los mecanismos por los que este temor se dispara hacia fantasías de abandono o muerte. Otro aspecto considerado en la dramaturgia son las relaciones de amistad con su colección de pequeñas miserias que, a menudo, reflejan el mundo más corrompido y desencantado de los adultos.Para mí no se trata de un teatro construido a partir del movimiento o de ni de argumento. Lo esencial es el gesto, la postura del cuerpo, los diálogos que reflejan la tensión íntima, la leve crispación de cada uno de los personajes, así como la multiplicación de sentidos que implica el movimiento.En un plano más subjetivo, entre los valores y conceptos que me transmitió Fotos de Infancia menciono la puesta en cuestionamiento, en forma indirecta, de la propia teatralidad de lo que el espectador percibe, la artificialidad de lo que se ve en el escenario, pero que resulta naturalizado en la escena. Este distanciamiento se manifiesta, por ejemplo, en los cuerpos adultos de actores y actrices, que adoptan gestualidades, formas de moverse y pensamientos infantiles; o en los cuadros en que actores varones representan a niñas de las fotografías (marcando de manera cortés la separación entre las categorías de sexo y género), o el interesantísimo cuadro final que no revelo, por respeto al efecto mágico de lo que al mismo tiempo es previsible y sorprendente.Coincido con Marta López (estoy escribiendo de memoria y espero no confundirme tu nombre!) en mi recomendación de Fotos de Infancia, uno de los trabajos más interesantes que vi en el mes de abril.

Escoba de Mal volar

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